cul-de-sac

culdesac.jpgLa novedad apareció en las noticias de las 9am.
Un velero había sido encontrado a la deriva en algún lugar cercano a Nueva Zelanda.
Las velas desgarradas, la mesa puesta para tres y ningún ocupante. Buscaban los cuerpos.
Solo una breve referencia y una vista de los helicopteros sobrevolando la nave.
Y luego ningún dato más.
Ni en ese día ni en los siguientes.
X1 apagó el televisor y recorrió con la vista ese piso lujoso con una espectacular terraza llena de plantas que acababa de ocupar en el centro de Manhattan.
Se vistió: traje Armani, elegido cuidadosamente entre 50, camisa y corbata italianas, impecables zapatos, rolex de oro, perfume Dior; su aspecto en el espejo le agradó. Tomó su portafolios y se dirigió al ascensor.
En la calle lo esperaba su nuevo chofer, comenzaba a sentirse cómodo en su nuevo rol.
Hablar poco al principio, utilizar su nueva identidad con tranquilidad y sobre todo intentar no llamar la atención, pese a su marcado acento australiano. Los 43 pisos hasta su nueva oficina le parecieron eternos, su nueva secretaria sonreía en la puerta del ascensor señalándole su imponente despacho.
Dispuesto a comenzar el día 1 de su nueva vida, caminó con paso firme entre los murmullos que mezclaban comentarios sobre su predecesor y sobre él mismo: el anterior, muerto en un extraño accidente de auto que lo desfiguró completamente: “le gustaba la velocidad” decían….. una de las empleadas lloraba en silencio. El, corrían rumores de que venía a efectuar una fuerte reestructuración, quizás una fusión que dejaría mucha gente en la calle.
X2 se desperezó con lentitud en la hamaca colgada entre dos enormes palmeras, la arena aún no hervía; mirando al sol , entró desnudo en las transparentes aguas del mar.
Esa pequeña isla de la Polinesia apenas ocupada por un centenar de pescadores, le parecía el lugar ideal, el dinero invertido en la operación había sido bien aprovechado.
Sus “socios” de los que no sabía su nombre real y a los que había contactado al azar por internet a esas horas ya ocuparían sus lugares en sus nuevas identidades.
Se sentía libre, sólo por un momento volvió a su memoria un retazo de su vida anterior: sacudió la cabeza y se zambulló nadando frenéticamente mar adentro; atrás quedaba poco, casi nada, daba igual, aquí o allí.
X3 recorría lentamente las calles, aún desiertas a esas horas, de un barrio clase media de Perls.
Se detuvo en el portal con el número 13; una mujer rubia, más hermosa de lo que esperaba,lo miraba aún en bata; se presentó como el lampista que su marido había llamado la semana anterior para arreglar la caldera mientras repasaba mentalmente todos los datos que tenía de ella.
La niña bajó corriendo las escaleras, lista para desayunar, 15 minutos exactos antes
de ir al cole, tal y como le habían dicho.
Se había puesto un mes de plazo para conquistar a esa mujer y ocupar un lugar en ese hogar.
El telefóno sonó: la mujer se quedó muda escuchando y luego colgó en silencio.
Tres identidades, un pacto, un enroque: el account manager de una de las empresas constructoras más importantes de USA; soltero empedernido, solo y hastiado de las relaciones líquidas y de engrosar su cuenta bancaria; cambiaría su lugar por el corriente empleado de banco, casado hacía catorce años con una mujer rubia,cariñosa y previsible, que preparaba el apple pie con la receta de su abuela inglesa.
El dueño del velero no tenía nada que cambiar, ni ganar ni perder, solo estaba aburrido, sin horizonte ni objetivos, había alquilado la avioneta para sacar a los hombres de su propio barco comprado meses atrás con una identidad falsa y llevarlos a distintos lugares desde donde viajaron a sus nuevos destinos y sus nuevas vidas.
Solo le quedaba tenderse al sol. Y ver pasar el tiempo, la interminable sucesión de días que tenía por delante, sin esperar, sin pensar, sin desear; quieto.
Los tres tenían en común la sensación de final de ciclo, la necesidad de cambiar de vida y la indiferencia afectiva.
Asco, agobio, cansancio.
Cuando llegas al cul-de sac, solo queda una opción, morir ahogado en el fondo o rasgarlo y saltar al vacío.-
El remolque del velero entró al puerto al atardecer, el desguace era inminente.
Nadie lo reclamaría.

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Momentos

espera.jpgNo se aún en que momento se detuvo el tiempo, si fué en la metáfora o en tu beso en mi mano. Descubrir la belleza de las cosas que puede que nunca sean es un hallazgo, un regalo.

No sufrir, ni padecer ni especular, solo desear con un deseo compartido, dejando fluír el tiempo que se escapa, se va sin piedad; pero ¡que importa! si de cualquier forma, bajo cualquier concepto, en cualquier circunstancia, ya está claro que tus ojos pueden fundirse en los míos y el ambiente desaparecer y las palabras hacerse mustios sonidos…y todo estar bien, en su lugar. Lo fáctico no es toda la verdad, solo parte de ella, hermoso y sorprendente descubrimiento.-

Por afuera de tu vida y de la mía estamos tu y yo parados en medio de la noche, prometiéndonos una danza que quizás nunca bailaremos pero que ya nos hace felices.

Hay cosas que es dificil comprender, enseñanzas que entran con sangre en el alma gastada, hasta entender por fín que todo se reduce a la simplicidad de una promesa de baile sellada con un beso.-

Lo que vale un tomate

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Foto de Gilbert Garcin
El hombre se incorporó como pudo en su cama de hospital y miró a su vecino de habitación.
No hacían falta más palabras: otra vez hervido de coliflor para la comida.
No era una intuición, el olor subía por las escaleras, se instalaba en los quirófanos, violaba a las enfermeras, asqueaba a los niños de pediatría, confundía a los pacientes oncológicos que interpretaban sus náuseas como efectos secundarios de la quimio.
Ese olor pútrido, penetrante e indeseable pero absolutamente impersonal hasta unos meses atrás, inundaba la vida de seiscientas personas sin pudor alguno.
Claro que unos meses atrás no podía ni prever esa larga estancia en Bellvitge.
De hecho, meses atrás era incapaz de adivinar cómo se arrastraría hasta su cama por la noche. Pero eso es otra historia.
El aroma marcaba el reino de la violencia en forma de sojuzgamiento a las normas: “es lo que hay”.
Los hospitales son , en ese sentido, una escuela de vida.
Las cosas simples elementales, se transforman en hitos que marcan el progreso, el abandono, la pérdida: ya come sólido!, ya puede ir al lavabo solo!, joder, han vuelto a ponerle la parenteral!
Uno se transforma en “paciente”, porque la impaciencia puede ser sinónimo de muerte o de vaya uno a saber que incapacidad o de enfermedad o de….
Pero llevaba ya sesenta días y eso es mucho tiempo, hasta para el más paciente de los pacientes.
Volvió a mirar de reojo a su compañero y con un gesto de complicidad, lentamente, se acercó hasta su armario y cogió dos hermosos, relucientes, rojos, jugosos, tomates de huerto, que sus amigos le habían traído el día anterior de regalo.
Entregó uno a su cómpañero de desventuras y se acomodó de nuevo en el lecho, usando una toalla por bandeja.
“Lo que vale un tomate” pensó mientras deshacía entre sus dedos “la manzana de oro”.il pomodoro de los italianos.
El ruido del carro de los alimentos se acercaba. Había que apurar el trago.

la última lágrima

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Cuando despertó no recordaba nada de la noche anterior.

Como en aquel cuento de Benedetti, volvió a amanecer en su banco de la plaza del teatro Colón en blanco, sin ayer, sin mañana. La humedad presagiaba otro día de bochorno en el verano porteño.
Acomodándose las mugrientas ropas se acercó hasta la fuente a lavarse la cara.
Era domingo por la mañana, la calle estaba desierta.
Era la reina del mundo, de su mundo. Recorrió con la vista los bares más cercanos, solo uno estaba abierto: por la puerta de atrás alguien le alcanzó un café doble bien caliente y amargo como le gustaba, sin palabras, sin gestos innecesarios.-
Volvió a su sitio, limpió el banco con un trozo de diario, y lentamente se preparó para el mejor momento de la semana: con cuidado desarmó el paquete escondido en el fondo del carrito del supermercado donde protegía todo lo que poseía en la vida, allí estaban. Sonrió, se le hizo agua la boca y una lágrima resbaló tranquila, suavemente.
La primera le supo a gloria, la segunda a melodía, como aquellas que solía tocar en las noches de gala del teatro, hacía ya tantos años, que mejor ni acordarse.
Resbalar fué facil, hasta ese banco, este domingo de sol, esta docena y media de mediaslunas de manteca de ayer que el panadero de la esquina le regalaba cada sábado por la noche a cambio de tocar el Nocturno de Mozart en un desafinado  piano Steinway & son.-

Elogio de la soledad

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Érotique voilée Man ray 81930)

ELOGIO DE LA SOLEDAD

LLega puntual, es una mujer de mediana edad, alta, rubia, elegante; parece mayor de lo que había intuído en nuestra conversación telefónica.

Viste con ropa de calidad pero informal, tiene estilo.

Lleno los datos básicos, nombre, edad, profesión, estado civil : soltera- -…..y agrega -creo que por eso estoy aquí- esbozando una sonrisa al estilo mona lisa.

La primera entrevista previa una psicoterapia, suele ser como ir a ver una película de la que solo podemos adivinar el género por el título…la mayor parte de las veces el guión suele tener poco que ver con esa primera impresión; por eso mi experiencia como psicoterapeuta me indicaba que debía prestar atención a su lenguaje pre verbal…esa mujer tan guapa y tan segura de sí misma, que había decidido comenzar una revisión de su historia para ver por donde seguir…..eligió para sentarse la única silla que había en la habitación en donde dos cómodos sillones con espacio para dos rodeaban mi propio espacio.

A la pregunta clásica: ¿ Que puede contarme de usted?, comenzó a relatar su historia, en un tono de voz muy armonioso y bajo, como si reflexionara; casi se diría que yo estaba de más en esas confesiones autodirigidas:

-“Durante muchos años, la experiencia de la soledad fue para mí como un castigo o un destino fatal que me hacía sentir triste y devaluada. La entendía como una condena impuesta, debido a alguna deficiencia interior y encontraba difícil darle un sentido a mi existencia.
Además, me obsesionaban dos de los principales fantasmas de la típica “realización” femenina: la belleza física y la pareja.
Era capaz de pagar cualquier precio o relacionarme con cualquier hombre con tal de
tener un “novio”.
Pero al mismo tiempo mi independencia económica era mayor, luchaba por elevarme en mi profesión y lidiaba con mis conflictos como podía, consciente de que los tenía y de que solo yo podía resolverlos.Evidentemente mi manera de vivir, se oponía a los modelos tradicionales que siempre habían importado en mi familia”.
“Me pregunto”, continua en su soliloquio: ¿cuándo, dónde y de qué manera aprendí que sin un hombre, una mujer no puede sentirse completa o feliz?”.” También me cuestiono:
¿Cómo me las he arreglado para vivir sola durante quince años y qué razones me han conducido a permanecer así, a pesar de mi deseo a veces insoportable de formar una pareja?.”
“Estoy convencida de que comparto mi experiencia con muchas mujeres adultas que
habitan en este mundo loco pos-moderno y ambíguo y de que todas nosotras estamos pagando alguna cuota histórica de vaya a saber que derechos mal comprendidos. No sé, a veces me pierdo entre tanta cosa intelectual. ”

Mientras hablaba, mi pensamiento asociaba imágenes de cantidad de mujeres que conozco, igualmente exitosas, igualmente libres, igualmente solas, me acorde de Simone de Beauvoir afirmando hace cincuenta años que la humanidad está viviendo un periodo de transición que ofrece a las mujeres la posibilidad de emanciparse económicamente por medio del trabajo; pero que aún las obliga a obtener status social en función de su ser-para-lo-hombres. Ella misma y sus contradictorio amor posesivo disfrazado de libertad y ” todo vale” por Jean Paul Sartre, borraba con el codo loq ue scribía con la mano.

Trataba de armar mi hipótesis acerca de la historia personal de esta mujer , algo que me permitiera elaborar una estrategia terapéutica, algo de que sostenerme. Ella continuó:
“A pesar de todo parece que una mujer todavía requiere de un marido e hijos para tener valor social como ser humano y me pregunto ¿que hay de malo en mí que no puedo lograrlo?”

-No sé , pensé, ya veremos si ese es el tema.

-” Además, el dinero propio no sirve si no nos dá además libertad emocional.”

-¿Y eso?

– “Siento que ya no tengo adonde ir fuera del ámbito del matrimonio y la maternidad, mi autoestima continua dependiendo de la aceptación y el reconocimiento que me brinda el hombre que me mira, me seduce. Estoy aburrida y cansada, el dinero me dá igual. Y la verdad es que cada vez hay menos “hombres”, en el sentido clásico del término, estoy harta de esos metrosexuales, que atacan como hombres y luego pretenden ser amados como si fueran mujeres.

-Glupp!….vamos bien..bien jodidos digo.Has recorrido un largo camino muchacha….pensé recordando un viejo spot publicitario de cigarrillos.-

Termino la entrevista llenando aquí y allá algún bache y aclarando qué podemos o no lograr. Y me quedo pensando….a veces ayuda.-

La etimología de la palabra soledad refiere que proviene de latín “solitas”,
Se trata de un sustantivo femenino que significa “carencia voluntaria o involuntaria de compañía; lugar desierto tierra no habitada; pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa”.
La soledad es ese estado y ese sentimiento que emerge ante la ausencia de aquello que se quiere.
Así, se suele definir con palabras que hablan del aislamiento y melancolía, retiro y pesadumbre. Sólo una palabra se refiere a una acción elegida, la que habla de una carencia voluntaria de compañía.
Esta aclaración es muy importante porque plantea que la soledad puede ser tanto un estado que se vive involuntariamente como una condición elegida.
Desde este punto de vista, deja de tener esa connotación negativa que por lo general se le conoce y obtiene una amplitud que permite definirla en términos más objetivos.
Me refiero al hecho de que la soledad puede implicar algo más que “un sentimiento de pesadumbre y melancolía por la carencia de compañía”; pero de eso no se habla.
No hay peor soledad que la de aquel o aquella que duerme acompañado y sueña con dejar de sentirse solo.-