Desencanto

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Oleo: “Niña con máscara de calavera” Autor Frida Khalo

“Tanto si nuestra actual conciencia de individualidad se conserva tras la muerte en alguna dimensión de la existencia como si desaparece por completo, el hecho inalterable es que nuestro ser formará para siempre parte de esa urdimbre y trama de lo que existe.
El infierno, en este panorama consiste simplemente en la separación de lo individual en el flujo de la vida. Consiste en aferrarse al pasado, al yo, a la seguridad de la inercia. existe una pista de este significado en la raíz del término “diablo”, que procede del griego dia bollein,que significa “separar” o partir por la mitad.
Lo que es diabólico es debilitar la complejidad emergente retirando de ella la propia energía psíquica.”

Aprender a fluir
M. Csikszentmihalyi

Conectado al respirador el hombre duerme tranquilo, bajo los efectos de los sedantes.
Su cara,deformada por los golpes de reiteradas caídas, ya no refleja el terrible sufrimiento de los últimos meses.
Distintos monitores vigilan su frecuencia cardíaca, su tensión arterial, aquello que lo ata a la vida ¿en contra de sus deseos?
Acaba de cumplir 65 años, pero parece un niño; ese mismo niño que hasta ayer se peleaba aún con su padre interno y destilaba ira por rechazos inmerecidos y agravios imperdonables, soledades, rigideces, dogmatismo religioso, exigencia, incomprensión.
Lleva años en esa lucha pero desde hace uno, el proceso se ha transformado en irreversible.
Ha retirado toda energía del afuera y encerrado en su mundo interno, lo ha golpeado hasta fragmentarlo.
Es en un ser muriéndose por dentro, física, afectiva y clínicamente: sepsis generalizada, insuficiencia respiratoria, posible infarto; nadie en ese piso de la UCI sabe que además su mente también naufraga; su alma ya lo ha hecho hace tiempo.
El proceso de tan sutil apenas se ha notado.
Su vida no es más que un doblez: un brillante hombre de negocios, reconocido ampliamente en la esferas de las multinacionales, encierra un oscuro hombrecillo que no ha terminado de crecer aferrado a sus pérdidas; su intimidad a olido siempre a espanto, inmovilidad y dolor.
Lenta pero inexorable, la autodestrucción física y psíquica que los médicos tratan de catalogar, ha salido airosa.
El hombre que yace en esa cama es para ellos el prototipo del homeless, del mendigo. Ni una consulta a la seguridad social en 65 años.
No existe para el mundo, o para una parte del mundo.
Secretos….disimulos, todo ha servido para mantener intacto ese mundo privado, intransferible en donde aún se pasea de la mano de su madre por el mercado del barrio.-
Hasta que el mundo privado secuestró al personaje que había creado para sobrevivir y se lo está comiendo, lentamente. Gozando cada momento, esos fantasmas han ganado la carrera de fondo.
La línea entre la fantasía, la atadura al pasado y la muerte es tan delgada que, a veces, solo basta una suave brisa de desencanto para romperla.

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