Si hay algo importante me llamas

Eran las cinco de la tarde de un martes de finales de Abril. Andrés había salido de la consulta de su psicoanalista diez minutos antes……y ahora bajaba a la playa, cruzando la calle, intentando negar con los movimientos del cuerpo la ansiedad que delataba su mirada.

El viernes anterior no logró encontrar a Laura y la consecuencia fué una tristeza infinita mezcla de desconcierto y desamparo. Llevaba tres días imaginando lo terrible que sería convertir en perenne eso que por el momento era transitorio.

Advirtió entonces que los últimos meses habían girado alrededor de dos ejes : los martes y los viernes.

En algún momento frente a una taza de café negro y amargo, doble como a él le gustaba y su médico le prohibía, el término ” amor” atravesó su desquiciado pensamiento, concluyendo en algo parecido a la congoja.-

Cómo y desde donde había crecido ese sentimiento eran cuestiones que de momento prefería no indagar, aún dejando de lado esa antigua costumbre-ahora reforzada por el psicoanálisis-de analizar todos aquellos movimientos que parecían actuar al margen de su voluntad.-

Ya no valía la pena recordar como lo casual de su encuentro se transformó en causal; tampoco indagar por qué se empeñaban en instalarse en la banalidad de conversaciones intrascendentes. Lo único claro era que cuando estaba con ella sus nervios se relajaban, tenía la impresión de que sus nervios se anudaban y organizaban una red. Su relación progresaba de manera secreta, sin necesidad de encuentros, a solas, porque era una unión clandestina y ajena a sus voluntades.

Se trataba de buscar en algo olvidado en el fondo de viejos archivos akashicos, que se trasformaban en un deseo desorganizado.

Hoy era martes y una vez más se encontraba tratando de atar cabos, caminó por los lugares conocidos buscándola con la mirada . En el fondo lo curioso de los sentimientos es que suelen construírse sobre la misma carencia bajo cuyo peso se desploman a cumplir su tiempo.

Ya no habría playa, ni charlas con sus amigas mientras los niños jugaban en la red, ni comentarios sobre los pescadores o el estado del mar, no más encuentros fortuitos, ni angustias. Tocaba esperar..hasta el próximo reencuentro, en otro círculo, en otras circunstancias con otros personajes….con la única tranquilidad posible: lo que debíera suceder, sucedería.-

Basado en “El desorden de tu nombre” de J J Millás

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