La fille sur le pont

“La mala suerte es así, se tiene o no se tiene”.
Creía que no se trataba de mala suerte en realidad, sino de una rara, exótica, casi
perfecta habilidad para atraer hacia sí situaciones, personas, historias de las que dejan a medio camino entre la desazón y la bulimia afectiva.
Su analista le preguntaba una y otra vez:
-¿Porque cree que le pasa?
-La mala suerte decía ella, la mala suerte…es como el oído musical.
En todo caso esa tarde volvía a repetir la frase, se sentía en el fondo de una red, estaba triste, con esa tristeza dulce parecida a la del animal lamiendo sus heridas, una mezcla de autocompasión y resignación, sumada a la convicción de que la herida curará.
Había cosas que no podía decir, no quería sentir, porque detectaba la encerrona y sabía que no quería escapar; la noria giraba una vez más: “la mala suerte”.
La confianza, esa era la clave, la confianza y la predestinación….como el oído musical: se tiene o no se tiene, pero dolía.
(recordando A la fille sur le ponte- de Leconte, y su increíble erotismo visual)