Elogio de la soledad

man-ray-soledad.jpg

Érotique voilée Man ray 81930)

ELOGIO DE LA SOLEDAD

LLega puntual, es una mujer de mediana edad, alta, rubia, elegante; parece mayor de lo que había intuído en nuestra conversación telefónica.

Viste con ropa de calidad pero informal, tiene estilo.

Lleno los datos básicos, nombre, edad, profesión, estado civil : soltera- -…..y agrega -creo que por eso estoy aquí- esbozando una sonrisa al estilo mona lisa.

La primera entrevista previa una psicoterapia, suele ser como ir a ver una película de la que solo podemos adivinar el género por el título…la mayor parte de las veces el guión suele tener poco que ver con esa primera impresión; por eso mi experiencia como psicoterapeuta me indicaba que debía prestar atención a su lenguaje pre verbal…esa mujer tan guapa y tan segura de sí misma, que había decidido comenzar una revisión de su historia para ver por donde seguir…..eligió para sentarse la única silla que había en la habitación en donde dos cómodos sillones con espacio para dos rodeaban mi propio espacio.

A la pregunta clásica: ¿ Que puede contarme de usted?, comenzó a relatar su historia, en un tono de voz muy armonioso y bajo, como si reflexionara; casi se diría que yo estaba de más en esas confesiones autodirigidas:

-“Durante muchos años, la experiencia de la soledad fue para mí como un castigo o un destino fatal que me hacía sentir triste y devaluada. La entendía como una condena impuesta, debido a alguna deficiencia interior y encontraba difícil darle un sentido a mi existencia.
Además, me obsesionaban dos de los principales fantasmas de la típica “realización” femenina: la belleza física y la pareja.
Era capaz de pagar cualquier precio o relacionarme con cualquier hombre con tal de
tener un “novio”.
Pero al mismo tiempo mi independencia económica era mayor, luchaba por elevarme en mi profesión y lidiaba con mis conflictos como podía, consciente de que los tenía y de que solo yo podía resolverlos.Evidentemente mi manera de vivir, se oponía a los modelos tradicionales que siempre habían importado en mi familia”.
“Me pregunto”, continua en su soliloquio: ¿cuándo, dónde y de qué manera aprendí que sin un hombre, una mujer no puede sentirse completa o feliz?”.” También me cuestiono:
¿Cómo me las he arreglado para vivir sola durante quince años y qué razones me han conducido a permanecer así, a pesar de mi deseo a veces insoportable de formar una pareja?.”
“Estoy convencida de que comparto mi experiencia con muchas mujeres adultas que
habitan en este mundo loco pos-moderno y ambíguo y de que todas nosotras estamos pagando alguna cuota histórica de vaya a saber que derechos mal comprendidos. No sé, a veces me pierdo entre tanta cosa intelectual. ”

Mientras hablaba, mi pensamiento asociaba imágenes de cantidad de mujeres que conozco, igualmente exitosas, igualmente libres, igualmente solas, me acorde de Simone de Beauvoir afirmando hace cincuenta años que la humanidad está viviendo un periodo de transición que ofrece a las mujeres la posibilidad de emanciparse económicamente por medio del trabajo; pero que aún las obliga a obtener status social en función de su ser-para-lo-hombres. Ella misma y sus contradictorio amor posesivo disfrazado de libertad y ” todo vale” por Jean Paul Sartre, borraba con el codo loq ue scribía con la mano.

Trataba de armar mi hipótesis acerca de la historia personal de esta mujer , algo que me permitiera elaborar una estrategia terapéutica, algo de que sostenerme. Ella continuó:
“A pesar de todo parece que una mujer todavía requiere de un marido e hijos para tener valor social como ser humano y me pregunto ¿que hay de malo en mí que no puedo lograrlo?”

-No sé , pensé, ya veremos si ese es el tema.

-” Además, el dinero propio no sirve si no nos dá además libertad emocional.”

-¿Y eso?

– “Siento que ya no tengo adonde ir fuera del ámbito del matrimonio y la maternidad, mi autoestima continua dependiendo de la aceptación y el reconocimiento que me brinda el hombre que me mira, me seduce. Estoy aburrida y cansada, el dinero me dá igual. Y la verdad es que cada vez hay menos “hombres”, en el sentido clásico del término, estoy harta de esos metrosexuales, que atacan como hombres y luego pretenden ser amados como si fueran mujeres.

-Glupp!….vamos bien..bien jodidos digo.Has recorrido un largo camino muchacha….pensé recordando un viejo spot publicitario de cigarrillos.-

Termino la entrevista llenando aquí y allá algún bache y aclarando qué podemos o no lograr. Y me quedo pensando….a veces ayuda.-

La etimología de la palabra soledad refiere que proviene de latín “solitas”,
Se trata de un sustantivo femenino que significa “carencia voluntaria o involuntaria de compañía; lugar desierto tierra no habitada; pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa”.
La soledad es ese estado y ese sentimiento que emerge ante la ausencia de aquello que se quiere.
Así, se suele definir con palabras que hablan del aislamiento y melancolía, retiro y pesadumbre. Sólo una palabra se refiere a una acción elegida, la que habla de una carencia voluntaria de compañía.
Esta aclaración es muy importante porque plantea que la soledad puede ser tanto un estado que se vive involuntariamente como una condición elegida.
Desde este punto de vista, deja de tener esa connotación negativa que por lo general se le conoce y obtiene una amplitud que permite definirla en términos más objetivos.
Me refiero al hecho de que la soledad puede implicar algo más que “un sentimiento de pesadumbre y melancolía por la carencia de compañía”; pero de eso no se habla.
No hay peor soledad que la de aquel o aquella que duerme acompañado y sueña con dejar de sentirse solo.-