Historias de arcanos I

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Arcano XXII: el loco

Esta lámina representa la libertad, el no tener ningún tipo de ataduras y lanzarse a la aventura y a lo desconocido sin preocuparse del mañana, vivir el momento. Le gusta seguir a su instinto y confiar en que su elección va a ser la correcta, y, sobre todo, tener confianza en sí mismo, y así conseguir todo lo que se proponga. Su aptitud es bastante desorientadora, sobre todo para los demás, ya que no se rige por ninguna norma de la sociedad.

En síntesis: libertad, independencia, viajes, alejamientos, inseguridad, autoengaño, falsos juicios, locura, extravagancia, falta de disciplina, desenfreno, entusiasmo, goce, pasión, conquistas, ideas fijas.

Pablo se aburría.-
Su vida transcurría pacífica en apariencia, como resultado de un sabio plan que había comenzado a ejecutar en su temprana juventud y que, básicamente, consistía en nunca arriesgar: ni en las empresas, ni en su profesión, ni en sus relaciones personales: amigos, hijos, parejas.
Todo era sometido a un estricto control con arreglo a un objetivo: impedir que las cosas se fueran de quicio.
La manipulación era, por cierto, casi su única arma.
Había sido exitoso en su meta: llegar a estas alturas casi indenme, seguro, sin sobresaltos, aceptando y descartando, pero nunca arriesgando.
Siempre tenía una frase rebuscada y carente de afecto para explicar el resultado de sus expediciones a veces indecentes a la vida de otros.
En todo caso nunca había culpas, solo era cuestión de códigos.
Además Pablo era un coleccionista de frases: era un lector asiduo y un amante del cine, ambas actividades le proveeían de invaluable material para aplicar sabiamente en sus conversaciones, Balzac y Oscar Wilde eran sus preferidos.
Alguien que siguiera de cerca sus movimientos hubiera podido observar cómo repetía la misma frase en distintas situaciones pero siempre de una manera que lograba el efecto deseado: mostrarse invulnerable, seductor, inteligente, irónico, interesante, por ej:
Solía decir en alguna reunión al encontrar a alguien que hacia tiempo no veía: “Disculpe no le había reconocido HE cambiado tanto” (O. Wilde); o en tertulias de esas en la que la gente expresa lo que opina solo para saber lo que opinan los otros: “La única diferencia entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero” (O. Wilde).
Este estilo lo convertía en una especie de Peter Seller en “desde el jardín”, esa película deliciosa en que alguien dice cosas desde la ingenuidad que son interpretadas como sabias.
Su deseo era causar impacto y lo lograba.
Si alguna relación amenazaba con abandonarlo, recurría a Woody Allen: “tenemos que dejarlo. No te lleno ni intelectual, ni sentimental ni fisicamente. Bueno, pero ¿y en el resto? (Bananas).
Si se encontraba negociando alguna oferta siempre acudía a “El padrino” : ” voy a hacerte una oferta que no podrás rechazar”.
El escepticismo era su principal arma: “Mira la obra de Dios¿quién podría enderezar lo que El torció?(Gatacca).
En el fondo era un niño asustado, alguien que sentía que “el mejor amigo de un chico…es su madre”…(Psicosis).
Llegado a este punto, se aburría; ya no distinguía entre la realidad y la fantasía de su mundo de frases, su respuesta era envolverse cada vez más en situaciones ambigüas que terminaba sin entender ni en sus razones ni en su dinámica.
Su vida era un laberinto de Creta y él Dedalo, ocultando al Minotauro y perdido irremediablemente en su propia construcción.
Pero como nada es eterno, se aburría, le faltaba la fuerza de la ambición de la pasión; abría y cerraba proyectos de vida ajenos, mientras la presión ascendía.
Cada vez estaba más a merced de fuerzas oscuras: deseos sexuales inconfesables, obsesiones, falta de control, dejarse llevar, romper estereotipos.
Veía tentaciones en todas partes y cuando aparecían solo le quedaba el ” francamente querida, me importa un bledo” de “Lo que el viento se llevó”.
Cuando se encontraron, supo que estaba perdido: la situación no cuadraba en nada conocido, nada era previsible, sus sospechas nunca se confirmaban.
Hasta que una fuerza interior cada vez más incontrolable le dijo, usando su código: ” Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes ” ( Star Wars).
Y su aburrimiento se convirtió en pánico: escalar montañas hacia la libertad de sí mismo, cortar cadenas, dejarse llevar, sin probar al otro, solo entregarse.
Fue cuando escuchó que le decían:
” Si deseas algo con mucha fuerza, DEJALO EN LIBERTAD. Si vuelve a tí será tuyo para siempre. Si no regresa, no te pertenecía desde el principio” ( Propuesta indecente).
Y tuvo que rendirse a la inercia del loco.-