Intuiciones

En la vida, esa serie de momentos casi iguales, surjen a veces situaciones, contextos, imprecisas señales, que constituyen lo que suele llamarse una “corazonada”; también podría decirse que es intuición, sexto sentido; en fín da igual como la llamemos, es ese momento en que decidimos ir o no ir a un lugar, hablar o no hablar con alguien, justo ese día, justo a esa hora, no importa el tiempo que hayamos postergado la cita.
Soy de las que que creen que hay que seguir las corazonadas: ese cerebro primitivo y arcaico que husmea por debajo de los discursos perfectos para descubrir las trampas; puede salvarnos de más de un error, de más de una decepción,de más de una pérdida y como balance puede darnos más de lo que nunca podríamos haber soñado.
La esencia de la intuición es, creo, alertarnos sobre el peligro escondido entre algodones o pliegues de terciopelo, sabiamente camouflado con palabras, con gestos, con insinuaciones.
Ese día no pasó nada especial, ninguna rareza, ninguna distorsión de lo cotidiano marcó la corazonada, pero allí estaba: me decía que permaneciera quieta, que dejara pasar los mensajes, que anulara los sentidos, que simplemente mirara hacia adentro y dejara de buscar registros inexistentes.
Mi torre de control interna no se encontraba operativa.
Rompí la carta poniendo especial cuidado en destruír la dirección del remitente.
No fuera a ser que en un arranque de racionalidad, intentara reconstruirla y contestar a la insensata demanda de aquel que pedía todo a cambio de nada, suponiendo que quizás darle todo pudiera ser una manera de obtener aunque sea una pequeña cuota de pertenencia.
L a corazonada insistía en que, como en el final de “la autopista del sur” de Cortázar, mirara adelante sólo hacia adelante..y decidí hacerle caso.-

Como en aquel cuento…..

mia_13668e.jpgNo me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose.”Julio Cortazar (Carta a una señorita de París)

 

Es miserable.
Es un sentimiento miserable, está allí escondido, oculto entre las cosas buenas del día a día, tan oculto que llegas a creer que ha desaparecido, como esos objetos de los que te acuerdas cuando descubres que ya no están más a la vista.
Pero de pronto vuelve a aparecer y te resulta agobiante.
Sí, lo entiendo, más de lo que crees…¿por qué no confías en mi intuición?………
No sabes por qué, en esos momentos, te acuerdas de “Carta a una señorita de París”…el cuento de Cortázar…Sí, ya sé que eres una adicta a las imágenes literarias, capto la metáfora .
…. es algo que no puedes controlar pero no hay razones para avergonzarze.
Te duele no haber sabido que hacer, por donde seguir o si terminar de una vez…..como en el cuento…y es de esos dolores sordos, crónicos…..irremediables
Ok, voy a volver a leerlo …. una vez más, quizás así comprenda todos los matices de lo que quieres que comparta contigo ; lo cansada que estás de los conejitos en tu garganta, lo feliz por momentos, cuando crees que ya no aparecerán.-
Siiií… ya me contaste acerca del dulce descubrimiento de sentirte en paz que a veces temes perder. Tranquila…yo estoy aquí.
Cuando crees que todo ha terminado vuelve a comenzar, siií… que sí mujer que te entiendo pero no comparto tu interpretación..es todo: por ejemplo otra vez estás hablando del irremediable paso del tiempo. ¿Por que no lo dejas?….deja ya de pensar en cada minuto no gozado.
Deja de buscar explicaciones.
Es imposible…porque ya has entendido…desde el desconocimiento pero lo sabes..sabes lo que había, pero no quieres aceptarlo…. los conejitos que aparecen en la garganta como un dulce regalo para transformarse en destructores de todo lo que tocan….
Por eso te digo que es un sentimiento miserable….en el sentido de “miseria” esas cosas estrechas, desgraciadas, avaras, insignificantes o mezquinas….
Olvida ese momento, el de la pregunta sorpresiva que obtuvo una respuesta equivocada de tu parte….
Yo estaba por ahí y traté de alertarte ¿recuerdas?
No podías adivinarlo, estabas demasiado confundida, encerrada en tí misma, enojada contigo, con tu debilidad…sí, es cierto: no sabías como manejar lo imprevisible , quizás la respuesta correcta, el insistir, decir lo que creías que pasaba hubiera sido de utilidad…pero no gozabas de su confianza, eras parte del problema, no de la solución… …
¿Vale? acepta que no eres Dios y además él no sabía nada de tu propio mundo por esos días, tu también tenías espacios que temías o no deseabas compartir, siii , ya sé tenías tus razones, había una historia y un presente lleno de grises, pero acéptalo…. hiciste lo que pudiste y lo hiciste mal; eso no te convierte en un monstruo, ojo! tampoco en una víctima, solo un partícipe necesario…
Lo bizarro es parte de la realidad, quizás ese ha sido tu error, buscar entender lo que se siente no es un buen camino. Era puro sentimiento, fín de la historia.
Tampoco abandonarse a los deseos, a la pasión  hubiera servido, y eso estuvo clarísimo según me explicas, perder el norte….sobre todo si sabes que lo estas perdiendo….vamos…que me decepcionas….no es digno de tí…
¿Que hay que hacer?
¿Esconder los conejitos?, ¿encariñarte con ellos hasta que se hagan mayores y venderlos en la feria?¿abortarlos?
No hay respuestas únicas…creería que saber observar y observarte, no creer en espejismos…ya sé que es imposible a veces…porque por razones irrazonables muchas veces queremos creer, es un stellium en que confluyen ideas, emociones, necesidades y opacan la visión..un privilegio humano: equivocarse. Un resabio de la pérdida del instinto, pero reemplazado por la intuición…y debías haberla escuchado.-
Observabas pero no querías creer lo que veías, de eso me acuerdo perfectamente…por eso la inutilidad de tus gestos…..ayudar a quién no se quiere dejar ayudar es propio de Narcisos de diván…tú deberías saberlo mejor que nadie….Nooo!no te riño ¿por qué iba a hacerlo?
Anda, relajate, … . Disfruta. No hay culpables ni inocentes,
Ven conmigo……deja que te pierda en mis ojos antes de que vuelva a amanecer

hilos de plata

maga.jpgHilos de Plata

Hay historias, relaciones, experiencias que unen a las personas más allá de las realidades físicas.
Cuando eso pasa, algo parecido a un milagro se instala.
Es esa persona, encontrada ocasionalmente en nuestro camino y presente en la ausencia.
Misteriosamente, esas relaciones suelen ser las que más perduran.
Rastrear en las cartas escritas por esos privilegiados que han mantenido el hilo de plata intacto; en otras épocas, en las cuales,la futilidad de los email no existía, es asomarse a un mundo marcado por sentimientos, que poco o nada tienen que ver con los hechos, las palabras, las estructuras.
Simplemente, están ahí.

Me llamó la atención ese joven alto y delgado , que tocaba el piano en el salón de tercera clase, donde viajábamos”.

Sin embargo, y pese a haberse observado mutuamente, no se presentaron. Los unió el azar; una tarde, mientras ella estaba en una librería del boulevard Saint Germain, lo vio en la calle, del otro lado de la vidriera, y él la saludó con una inclinación de cabeza.

La segunda vez, se encontraron en un cine, donde pasaban la Juana de Arco, muda, de la Falconetti.

La tercera vez, tropezaron el uno con el otro en el Jardín de Luxemburgo, hacía mucho frío y entraron en un café donde charlaron horas.

Cortázar le daba mucha importancia a estos encuentros dispuestos por el destino.

Se hicieron amigos, él le regaló un poema suyo que hablaba del tiempo pasado en el barco, se titulaba: “Los días entre paréntesis”.

Descubrieron amigos comunes en París y que, además, se divertían mucho juntos.

Cortázar después de cuatro semanas volvió a Buenos Aires y en en agosto de 1951 le escribió a la Maga una carta:

Querida Edith: No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban).

Yo soy otra vez ése, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años.

Voy a volver antes, estaré allí en noviembre.

Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, de que no le divierta la posibilidad de verme.

Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos.

Sería mucho peor disimular un aburrimiento. Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver.”

La carta es larga y la primera de una serie que duró tanto como la vida de Cortázar.
La Maga cuenta “El año 1952 quedará como un año muy especial para Julio y para mi”, En el Jardín des Plantes descubrieron juntos los axolotes; en el parque de Secaux, Cortázar le leyó Final del juego y al verla tan conmovida le prometió que, al publicarlo, se lo dedicaría; una noche helada, oyeron a Edith Piaf, y el 23 de mayo asistieron al triunfo de Le sacre du Printemps.
Entre distancias, su comunicación se basa en cartas, numerosas, y que jamás dejaron de escribirse