¿Que haces los viernes?

Me intrigan tus viernes. Un poco más que tus lunes y absolutamente más que tus domingos.

Presiento que tus viernes están hechos de expectativas  semanales quizás no cumplidas, de huidas a ninguna parte, de desapariciones. Impiden sospechar, imaginar o rebuscar en la memoria.

Sostienen la inalienable libertad de hacer con tu tiempo lo que te plazca. No obstante imagino que tus viernes son de ostracismo, de deberes irreales, de rutinas de encuentros  que repites para salir del vacío.

¿Que a mí que me importa?

Tienes razón, me importa un rábano. Pero también me importan un rábano tus martes o tus jueves.

Y menos aún tu Agosto o tu Enero.

Pero tus viernes, ¿Para qué negarlo?…..guardan para mí una secreta nostalgia de tiempo no compartido; de fiesta por venir……de calor interno perdido, de cena fría a fuerza de esperar.-

Quizás porque mis viernes son mi día preferido, y me deslizo suave hacia la noche, recreando cada vez el placer de estar….¿vivo? que es igual….no importa cómo, quizás sea de buen contrincante hacerte saber que te regalo las sobras de mis viernes o mejor aún…que las comparto contigo.

Vamos! que lo cortés nunca quita lo valiente.-

La pulsera

Era bonita pero saltaba a la vista que le quedaría pequeña. Agradeció el detalle al tiempo que elogiaba su gusto y afirmaba que los diseños Tous le encantaban aunque no era cierto…..un tardío regalo de cumpleaños o un adelanto del regalo del siguiente, vaya uno a saber.-

Llegaba el momento culminante de cada año, y ella se preguntó que parte era la que no terminaba de explicar.-

Estas enfadada!….ella sonrío, más bien rió abiertamente y se vio en la obligación de decirle que para enfadarse era necesario implicarse de alguna manera y que eso no sucedía hacía ya mucho tiempo.

Que esos encuentros espaciados o esas llamadas que él hacía y nunca eran devueltas se debían solo a indiferencia.

Al tiempo que él se acercaba con cuidado al punto central del encuentro, ella lo tasaba con la vista:  agradable sin ser especialmente guapo, tenía gusto para vestir,  cuidadoso, correcto, acostumbrado a que nadie le dijera que no, a controlar, pero la elegancia era un virtud innata que le agregaba interés.

Ella siempre había pensado que podía convertise en su Pigmalión, enseñarle lo que a ella le sobraba, eso que llaman “cultura general”.  savoir faire…..había tela para cortar.

La historia en común  ya larga y para ella tema cerrado, se repetía ad infinitum,  parecía estar en medio de una película de ciencia ficción mientras hacía números explicándole donde estaba el fallo en sus previsiones, porque él era muy previsor; minutos antes la había aburrido mostrándole los últimos rendimientos, como ese personaje de “El principito” . No lo acompañaría en esa semana de vacaciones, doblete de esposa y de trabajo, bingo!!!. “Has visto: estás enfadada”.-

“Es que trabajo mucho”, repitió…”como todo el mundo” contestó ella,  “pero ese no es problema”.

Se trataba de  un hombre bueno, sano, pero no tenía ni idea de lo que era vivir con el plexo solar. No era la primera vez que hablaban del tema : él repetía que había avanzando, que ya habían hecho la separación de bienes y que sólo era  cuestión de tiempo: los niños en la universidad, bla bla…allí fue cuando apareció la ciencia ficción.

Porque, a ver, es  un poco extraño que ella debiera hacer números para hacerle entender que el siguiente paso le tomaría siete años y que para esa época él rozaría los 58 y que a esa edad nadie abandona la comodidad y que su mujer…la misma que lo engañaba de forma abierta no renunciaría a todo lo que le daba, ni él estaría dispuesto….los números. Finalmente en todo caso era su problema y no el de ella.

Ella era libre y sus compromisos eran internos.-

En el fondo, sí que estaba un poco enfadada, pero no con él, sino consigo misma, con el tiempo que le tocaba vivir y con su historia.

Notó su enfado cuando casi se le quiebra la voz y toda su seguridad se fue al carajo, no por él, ni se le ocurría ser su dama de compañía en su semana de vacaciones, sino por lo difícil que le ponía la vida algunas cosas.-

“Soy egoísta” dijo él. “Chocolate por la noticia” pensó ella….pero solo dijo “sí”, después de todo era una lady y su idea del pragmatismo era una muy otra…especialmente de un tiempo a esta parte.

Se despidió con dulzura,  recordándole que el futuro no existe y que es hoy o nunca.

En el camino de vuelta a casa, el enfado negado se transformó en pena, sorda, anónima, pena a secas, por nada o nadie en especial. Pena pura y dura.-

Y sí…la pulsera le quedaba pequeña, habría que cambiarla.-