Historias mínimas

Cuando despertó se sintió como de vuelta de una larga excursión, solo unos minutos alcanzaron para ubicarse: estaba en su dormitorio, era martes 7.30 am.
La pena en el plexo solar, en forma d edolor indiferenciado se hizo sentir.

Se incorporó, dormía de espaldas, entonces lo notó.
Ya no tenía el collarín de oro.
Hacía años que lo llevaba, un regalo familiar que apreciaba mucho. Sentía que la protegía, le daba fuerza; elegante,  esa delgada línea de oro era el complemento ideal de cualquier vestuario.
Discreta, no le gustaban ni los aros, ni las pulseras, nada que llamara la atención.
Recordó el momento en que se lo había quitado, mientras lo abrazaba, pensó que le molestaría y lo desprendió con un suave movimiento para dejarlo sobre una mesita de noche,  en algún lugar de ese refugio en la montaña convertido en algo parecido al paraíso por unas horas.
Se enojó doblemente, había revisado la habitación antes de dejarla, en un gesto de esos automáticos, ¿como no notó su falta?; la otra parte del enojo tenía que ver con que nuevamente había caído en una trampa .
Recordó su insistencia en las preguntas una y otra vez: “debemos aclarar algo más”?
“no”, ya esta todo claro dijo él.
Y dijo muchas cosas más que ella no escuchó porque sabía que no eran ciertas pero no invalidaban ese regalo de esas horas que se daban el uno al otro.
Ella era una convencida de que nada es para siempre y sabía apreciar los buenos momentos. Odiaba las discusiones inútiles, las ambigüedades, solo creía en los hechos.

Y el “hecho” eran esas horas de algo que iba más alla del sexo para convertirse en una comunicación sutil, atemporal, sensual, profunda y sobre todo gratuita, esa que no pide nada a cambio.
Luego las contradicciones, los miedos, las complicaciones auto inducidas.
Lo había hecho una vez más!, lograr entristecerla, hacer que viera todo en gris, siendo que ella amaba los colores, sobre todo los fuertes, era una fauvista de los afectos……
Pero esta vez, ella había perdido más……. el collarín ya no estaba para protegerla.
Se sintió en medio de una conspiración estelar.
Respiró profundo y decidió que llorar no estaría nada mal.

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