Paradojas

Foto: “Sunday morning” Flickr: K frey

Es curioso, a veces los rostros se ocultan tras las palabras.
Las palabras ocultan los gestos.
Los gestos omiten las emociones.
Las emociones se mezclan con las intenciones.
Hasta que un día
un instante imprevisto
en el momento menos pensado:
el velo cae,
la gestalt se cierra
y las intenciones
se tiñen de emociones
que se traducen en gestos
que se expresan en palabras
que se acallan en un rostro.
Y todo vuelve a estar en su lugar.-

No pienses

Foto: K frey (Flickr)

Es que es complicado, difícil…miras a tu alrededor y te das cuenta que es imposible no pensar.

Pero por otra parte deseas no hacerlo. Un avión cae apenas despegar y 150 historias desaparecen del disco rígido de la vida; proyectos, sueños, esperanzas, solo un número…ya pagará la compañía de seguros…que es mucho más económico que mantener como corresponde lo que corresponde.

Y claro es noticia el avión que cae y no el que llega…pero me dá igual.

El tiempo se corta se termina, el death line de mi vida se aproxima y ya solo toca despegar o estrellarse y a mi alrededor veo como otros se estrellan contra lo que yo considero sus miopías….contra lo que no pueden controlar, la soledad, la dependencia, la falta de utopías….y queda lo hecho, para bien o mal…pero duele….¿por qué?

No pienses…..

Es cierto que este mundo en que nos falta el aire
Sólo inspira en nosotros un asco manifiesto,
Un deseo de huir sin esperar ya nada,
Y no leemos más los títulos del diario.

Queremos regresar a la antigua morada
Donde el ala de un ángel cubría a nuestros padres,
Queremos recobrar esa moral extraña
Que hasta el postrer instante santifica la vida.

Queremos algo como una fidelidad,
Como una imbricación de dulces dependencias,
Algo que sobrepase la vida y la contenga;
No podemos vivir ya sin la eternidad.

Michel Houllebeck

Paradise Now

El film de Hany Abou-Assad, Paradise Now, me pareció un imperdible.
A estas alturas, intentar contar algo sobre el conflicto en Palestina y que resulte conmovedor,estéticamente impactante y que movilice un posicionamiento afectivo es casi presuntuoso.
Esta producción francoálemana lo logra con creces, ser casi un documento histórico digo…sin presunción.
El guión, tan simple como profundo: 27 horas en la vida de Said y Khaled, dos jóvenes amigos, habitantes de Nablus, que han sido “elegidos” para ser bombas suicidas, su preparación, sus planes anteriores, su postura, el desenlace…
La idea central: una evolución de los valores sociales que rigen las sociedades en cada momento histórico, desde la revolución francesa y su mezcla de libertad, igualdad, fraternidad y capitalismo, de doble lectura pasando por el laicismo de la modernidad, la caída de los regímenes alternativos y la religión erigiéndose como nuevo eje, especialmente para los que se sienten perdedores; encuadra el mensaje del film.
Abou-Assad no distingue entre islam, cristianismo o judaísmo: la religión es la alternativa cuando todo falla.
Es muy impactante como reflexión: ¿estamos 8 siglos atras?

Inicialmente, los protagonistas aceptan sus malas condiciones de vida como un destino divino y luego convierten esta pérdida en una victoria en el paraíso y transfieren toda su energía a la vida del “después de”.
Ese viaje interior, condicionado por ciertos mensajes, sumados al aspecto técnico: el estilo de comunicación visual que usa Assad, la fotografía, los planos…el ritmo de los diálogos,generan un clima claustrofóbico: las salidas llevan siempre a encerronas, que aparecen en escenas reales: un auto pretendiendo atravesar la ciudad y topando con patrullas que obligan a reconducir .
Cuando la pelicula terminó, el silencio en el cine era absoluto, fueron casi dos minutos en los que nos quedamos mirando la pantalla con la sensación de que asomarse a ese “paraíso ahora”, tenía mucho de infierno.-

El jardin de las delicias

Foto: flickr K-frey

El jardín de las delicias

¿Acaso es nada más una zona de abismos y volcanes en plena ebullición, predestinada a ciegas para las ceremonias de la especie en esta inexplicable travesía hacia abajo?

¿O tal vez un atajo, una emboscada oscura donde el demonio aspira la inocencia y sella a sangre y fuego su condena en la estirpe del alma?

¿O tan sólo quizás una región marcada como un cruce de encuentro y desencuentro entre dos cuerpos sumisos como soles?

No. Ni vivero de la perpetuación, ni fragua del pecado original, ni trampa del instinto, por más que un solo viento exasperado propague a la vez el humo, la combustión y la ceniza.

Ni siquiera un lugar, aunque se precipite el firmamento y haya un cielo que huye, innumerable, como todo instantáneo paraíso.
A solas, sólo un número insensato, un pliegue en las membranas de la ausencia, un relámpago sepultado en un jardín.
Pero basta el deseo, el sobresalto del amor, la sirena del viaje, y entonces es más bien un nudo tenso en torno al haz de todos los sentidos y sus múltiples ramas ramificadas hasta el árbol de la primera tentación, hasta el jardín de las delicias y sus secretas ciencias de extravío que se expanden de pronto de la cabeza hasta los pies igual que una sonrisa, lo mismo que una red de ansiosos filamentos arrancados al rayo.

La corriente erizada reptando en busca del exterminio o la salida, escurriéndose adentro, arrastrada por esos sortilegios que son como tentáculos de mar y arrebatan con vértigo indecible hasta el fondo del tacto, hasta el centro sin fin que se desfonda cayendo hacia lo alto, mientras pasa y traspasa esa orgánica noche interrogante de crestas y de hocicos y bocinas, con jadeo de bestia fugitiva, con su flanco azuzado por el látigo del horizonte inalcanzable, con sus ojos abiertos al misterio de la doble tiniebla, derribando con cada sacudida la nebulosa maquinaria del planeta, poniendo en suspensión corolas como labios, esferas como frutos palpitantes, burbujas donde late la espuma de otro mundo, constelaciones extraídas vivas de su prado natal, un éxodo de galaxias semejantes a plumas girando locamente en el gran aluvión, en ese torbellino atronador que ya se precipita por el embudo de la muerte con todo el universo en expansión, con todo el universo en contracción para el parto del cielo, y hace estallar de pronto la redoma y dispersa en la sangre la creación.
El sexo, sí,
más bien una medida:
la mitad del deseo, que es apenas la mitad del amor.

Olga Orozco