la chica de la playa

22 05 2008

Tenía 19 años y un montón de impresiones mal acomodadas en su mochila. El verano comenzaba con el conocido camping en la playa de Para Tí, el grupo de siempre, las historias de siempre, las canciones de siempre, el viaje por las costas de siempre.-

El, en cambio, cargaba casi el doble de veranos que ella sobre unas espaldas curtidas por el sol de un paisaje muy diferente al de sus orígenes, en la lejana Noruega.

¿Donde estabas? le preguntó y todos rieron por lo cursi y obvio del intento de seducción. Todos, menos ella.

Sus amigos la vieron marchar hacia el espigón con su andar sensual sin segundas, su frescura, su silencio solo interrumpido por el dialogo de la mirada cruzada con el desconocido y “desubicado” teutón.-

Una semana perdida en amaneceres llenos de la simpleza que dá el goce de vivir, de donar, de entrega sin contratos. Una semana que tenía fecha de caducidad, había que volver y la despedida fue terrible, llorosa, insostenible y continuada.

Ella creyó morir y lo hizo, se prometieron lo eterno, juraron la permanencia de los recuerdos.

Luego, desapareció en el fondo de su pena profundamente y para siempre, justo a hasta que el crucero abandonó el golfo de Santa Catalina.-